Crónica del Maratón de Sevilla 21-02-2016 (por Manuel Lorente)     

Manuel con su hijo y Abel Antón

Manuel con su hijo y Abel Antón

IMG-20160220-WA0003

Manuel con su hijo y Martín Fiz


Para empezar, no puedo dejar de contaros mi emoción al llegar a la Feria del Corredor en el FIBES de Sevilla, cuando, al entrar, veo a Abel Antón y a Martín Fiz. Inmediatamente les pedí hacernos una fotografía, con mi hijo, para que, el día de mañana (le guste o no el Atletismo) sepa quiénes fueron referentes para su padre en un deporte maravilloso como el nuestro.

Acudía al Maratón con mi cuñado Alberto, en su debut en la prueba.

Amaneció el Domingo con bruma, pero una agradable temperatura de 10 grados, y al llegar al Estadio Olímpico para prepararnos a la competición, tras dejar la ropa y empezar a estirar suavemente, me encontré con Ángel Luis Cerro, y me dio una gran alegría saber que no estaba sólo defendiendo nuestros queridos colores del Club Akiles. Tras la foto de rigor, comenzó el calentamiento, y nos aproximamos a la salida, que, a las 9 en punto se dio.

En los primeros Km las sensaciones eran muy buenas. Pasé el 10 en 48 min., y el frescor en las piernas y las ganas de apretar me animaban, pero me contenía para ser conservador. Las largas avenidas de Sevilla estaban llenas de gente animando, y los avituallamientos líquidos funcionaban a las mil maravillas. Bebía poco, pero en todos ellos. (Como siempre, con ganas de orinar, que esta vez conseguí aguantar)

En el Km 15 me encontré con Ángel Luis, y corrimos juntos hasta el 18. Hablamos, nos veíamos bien, y él tiró hacia adelante para seguir con su ritmo previsto. Yo sólo tenía como objetivo no pasar de 5 min/Km.

Pasé el medio maratón en 1 h. 43 min, justo como quería, por debajo de 1:44. Seguía fenomenal. La gente iba saliendo más y más a la calle, a animar a los corredores, y esto hacía muy llevadera la carga de Km. El sol comenzaba a calentar, y había 18 grados de temperatura. La gorra me protegía, y no dejaba un avituallamiento para dar dos sorbos. Tan sólo tenía la molestia de una chinita (de nuestra querida Casa de Campo, seguro) que apareció en la zapatilla y no me dejó hasta el final.

En el Km 27 me encontré fatigado, y tomé (por vez primera en mi vida) un gel que me dio mi cuñado, y sabía a ositos de gominola, pero en líquido. Me vine arriba y en el 29 estaba ya muy bien, con alegría en las piernas y sólo en algún Km subiendo de 5 minutos.

La entrada y salida del Parque María Luisa fueron preciosos, con gente aplaudiendo a ambos lados de la calle, y el sol calentando ya a 21 grados. Por una larga avenida llegamos al puente que, cruzando el Guadalquivir llevaba a la Cartuja y al Estadio, y ya en el Km 40 volvimos a encontrarnos Ángel Luis y yo, y juntos hicimos un km. Ya en el 41, encontrándome muy bien, apreté, e hice ese km en 4:34, llorando de emoción al recordar la entrada por el túnel de Abel Antón en 1999, en su segundo Campeonato del Mundo, y como él, quise entrar tirando besos a la grada, para que mi esposa e hijo me viesen, como así fue. También recordaba los duros entrenos en soledad, y con más ganas los entrenos de fín de semana con nuestro Club, compañeros, Julio… Al llegar a meta ví que bajaba de 3:30, y me llevé un alegrón.

Después, volver a ver a Ángel, que me prestó su teléfono para localizar a mi mujer, fue una alegría, y, tras estirar y recuperarme, encontrar a la familia (Alberto hizo 3:50 en su primer Maratón) y una maravillosa comida que puso el colofón a la jornada.

Ha sido un precioso día, con la suerte de encontrarme una carrera totalmente llana, que permite la regularidad en los ritmos, y también la suerte del clima y la ciudad volcada con esta fiesta del Atletismo, que, gracias a las marcas de nuestros Atletas, permiten tener más representantes en la próxima Olimpiada de Río.

Deja un comentario